Ansiedad, estrés o bloqueos emocionales.
Confusión o desgaste emocional en relaciones afectivas o familiares.
Apego inseguro o patrones repetitivos en tus vínculos.
Dificultad para poner límites o priorizarte sin culpa.
Inseguridad en la toma de decisiones, miedo a equivocarte o a decepcionar.
Culpabilidad excesiva.
Dificultades en el manejo del conflicto o la ira.
Cansancio vital, sensación de vacío, tristeza o apatía.
Baja autoestima, autocrítica constante o sensación de no ser suficiente.
Vivencias de discriminación, violencias o micromachismos que siguen resonando.
Necesidad de autoconocimiento, búsqueda de sentido o nuevas formas de habitarte desde la conciencia.