Problemas de comunicación o dinámicas repetitivas.
Sensación de desconexión emocional o distanciamiento afectivo.
Dificultades en la vivencia sexual, como en la erección, eyaculación o deseo erótico.
Celos, inseguridades o necesidad de establecer acuerdos.
Terapia para vínculos no monógamas o relaciones abiertas.
Necesidad de recuperar el placer, el juego o el encuentro sexual.
Revisión de los cuidados mutuos y del equilibrio en la relación.
Procesos de ruptura, transformación del vínculo o redefinición del compromiso.
Acompañamiento con perspectiva de género y sensibilidad hacia relaciones disidentes o no normativas.